En muchos departamentos de Compras, la traducción se gestiona como un servicio puntual: se solicita presupuesto, se comparan tarifas y se adjudica. Sin embargo, cuando aparecen incoherencias terminológicas, retrasos en entregas o problemas legales por una mala interpretación, el supuesto ahorro inicial desaparece.
Externalizar la traducción puede ser una decisión eficiente si se hace con criterio. En este artículo analizamos los errores más frecuentes al contratar servicios externos y cómo evitarlos para reducir riesgos, proteger la reputación corporativa y optimizar la inversión.
Priorizar solo el precio
Uno de los errores más habituales al externalizar traducción es basar la decisión únicamente en el coste por palabra.
En procesos de compras es lógico comparar tarifas, pero en traducción el precio suele estar vinculado a:
- Nivel de especialización.
- Experiencia sectorial.
- Proceso de revisión.
- Gestión terminológica.
Por ejemplo, una empresa industrial que traduce manuales técnicos puede recibir un texto gramaticalmente correcto, pero con términos imprecisos. El resultado: retrabajo interno, dudas en clientes o incluso errores en la aplicación del producto.
El coste real no es solo la factura, sino el impacto posterior en tiempo, reputación y eficiencia.
No evaluar la especialización sectorial
No todas las traducciones son equivalentes. Traducir una campaña de marketing no exige lo mismo que traducir un contrato internacional, documentación regulatoria o textos técnicos.
Un error frecuente es pensar que cualquier proveedor vale para cualquier tipo de contenido. Sin embargo, la especialización marca la diferencia en:
- Uso adecuado de terminología técnica.
- Conocimiento del contexto normativo y legal.
- Adaptación cultural del mensaje al público objetivo.
Si tu empresa opera en sectores regulados o técnicos, la experiencia específica del proveedor debería ser un criterio clave en tu proceso de selección.
Este enfoque especializado también está presente en otros servicios lingüísticos que pueden apoyar áreas vinculadas, como la traducción de contenidos para redes sociales, donde la adaptación cultural y el contexto local marcan una gran diferencia en la eficacia del mensaje.
No definir claramente el alcance del servicio
Otro problema habitual es no concretar con precisión:
- Tipo de documento.
- Público objetivo.
- País o variante idiomática de destino.
- Nivel de adaptación requerido (traducción vs. localización).
No es lo mismo traducir un informe interno que una propuesta comercial dirigida a mercados concretos. Tampoco es lo mismo traducir literalmente que adaptar el mensaje con criterios culturales y de mercado.
Cuando el alcance no está bien definido, las expectativas no se alinean y aparecen revisiones adicionales, retrasos y costes ocultos.
Falta de coherencia terminológica interna
Muchas empresas externalizan proyectos de forma aislada, sin un control terminológico unificado. El resultado suele ser:
- Variaciones en términos corporativos entre proyectos.
- Mensajes inconsistentes en manuales técnicos, folletos o comunicaciones externas.
Esto ocurre especialmente cuando:
- No existe un glosario corporativo compartido.
- Se cambia de proveedor con frecuencia.
- No hay coordinación entre departamentos.
La incoherencia terminológica afecta a la claridad del mensaje y la percepción de profesionalidad. Integrar un enfoque consistente de gestión lingüística dentro del negocio evita este tipo de errores.
Para ver cómo otros servicios relacionados con idiomas pueden integrarse en una estrategia organizativa más amplia —y evitar precisamente estas inconsistencias— revisa los contenidos del blog de ALOS sobre temas lingüísticos corporativos.

No establecer un proceso de revisión interna
Externalizar no significa renunciar a la responsabilidad. Otro error común es no definir un flujo de validación cuando el contenido es crítico.
Por ejemplo:
- Contratos con cláusulas complejas.
- Documentación técnica sensible.
- Comunicaciones corporativas estratégicas.
Un proceso eficaz debería incluir:
- Traducción por un profesional cualificado.
- Revisión lingüística independiente.
- Validación técnica por parte de expertos internos.
Si este circuito no está definido, los errores pueden detectarse demasiado tarde —incluso después de haberse difundido el documento.
Ignorar la confidencialidad y seguridad
En departamentos de Compras y Decisión, la protección de información es prioritaria. No obstante, en ocasiones no se revisan adecuadamente:
- Acuerdos de confidencialidad con el proveedor.
- Protocolos de protección de datos.
- Seguridad en el intercambio de archivos.
Externalizar documentación sensible sin garantías claras puede suponer un riesgo reputacional o legal significativo. Asegúrate de revisar estos aspectos antes de adjudicar cualquier proyecto.
No evaluar la relación a largo plazo
Tratar cada proyecto como una compra aislada impide aprovechar ventajas estratégicas.
Una relación estable con un proveedor permite:
- Construir memorias de traducción corporativas.
- Consolidar glosarios propios que aumentan coherencia.
- Reducir tiempos de entrega en proyectos recurrentes.
- Negociar mejores condiciones por volumen.
Desde el punto de vista de Compras, pensar en términos de partnership aporta más valor que rotar proveedores proyecto a proyecto.
Cómo estructurar correctamente la externalización
Para evitar errores frecuentes al externalizar traducciones en empresas, aplica un enfoque estructurado:
- Define claramente tus necesidades y volúmenes.
- Evalúa especialización sectorial y experiencia del proveedor.
- Solicita información sobre sus procesos de control de calidad.
- Revisa protocolos de confidencialidad y seguridad.
- Acorda indicadores de servicio (plazos, revisiones, comunicación).
Este enfoque convierte la externalización de la traducción en una inversión estratégica que aporta valor a largo plazo.
En gestión de procesos complejos, un enfoque estructurado marca la diferencia. En «The Checklist Manifesto», Atul Gawande demuestra cómo la estandarización de criterios y listas de verificación reduce errores críticos en sectores como la medicina o la aviación. En el ámbito empresarial ocurre lo mismo: cuando la externalización de traducciones se apoya en procesos claros —criterios definidos, controles de calidad y protocolos de seguridad— se minimizan riesgos y se protege la reputación corporativa. Sin estructura, incluso un buen proveedor puede fallar; con método, la externalización se convierte en una ventaja competitiva.
Preguntas frecuentes
Si la empresa no dispone de perfiles especializados en todos los idiomas y sectores necesarios, externalizar suele aportar mayor calidad, flexibilidad y reducción de riesgos.
Centraliza la gestión de glosarios, usa memorias de traducción y trabaja con un proveedor estable que entienda tus estándares. Esto asegura coherencia a lo largo del tiempo.
Además del precio, considera especialización sectorial, procesos de control de calidad, protocolos de confidencialidad, capacidad de respuesta y coherencia a largo plazo.
Externalizar servicios de traducción puede mejorar eficiencia y especialización —pero solo si se gestiona con criterios claros y estratégicos. Priorizar únicamente el precio o no definir procesos internos puede generar costes ocultos importantes.
Si estás evaluando proveedores o quieres estructurar un servicio de traducción más sólido para tu empresa, en ALOS podemos asesorarte con soluciones adaptadas a tus necesidades sectoriales y organizativas. Contacta con nuestro equipo y diseñemos juntos la mejor estrategia lingüística para tu organización.




